La vivienda se sitúa en un extenso encinar de la provincia de Cáceres, en una finca dedicada a usos ganaderos. El proyecto se organiza en torno a una encina preexistente, que se convierte en el centro del patio principal y articula la vida de la casa.
La tipología recupera la idea del impluvium romano, reinterpretado como espacio de relación, ventilación y control climático. La disposición de las piezas construidas busca protegerse del norte y el oeste mediante la masa forestal y abrirse al sur y al este hacia las vistas del Parque Nacional de Monfragüe.
El proyecto combina referencias a la tradición vernácula —el patio, la materialidad, la relación con la topografía— con un lenguaje arquitectónico contemporáneo, de volúmenes claros y espacios fluidos. La vivienda se inserta así en el paisaje sin competir con él, estableciendo un diálogo directo entre naturaleza y arquitectura.